Llevan el Tíbet entero a cuestas

Updated: Feb 21, 2019


Nyima Tso, Secretaria General del PEN Tíbet, me regala este libro escrito en lengua tibetana y me cuenta: «Hemos conseguido sacarlo de Tíbet, lo hemos impreso aquí en la India y ahora lo enviaremos al interior y lo distribuiremos también entre la comunidad tibetana en el exilio.» Tengo que hacer un esfuerzo de imaginación: el escritor que compuso el libro en la clandestinidad, la red de monasterios y otras organizaciones que consiguieron sacar el libro de un Tíbet aplastado bajo la bota militar china… Y imaginar, luego, la lectura en el exilio, el valor de esas palabras robadas a la censura, la transmisión de la lengua y la literatura tibetanas a las nuevas generaciones como la mejor forma de resistir a una ocupación despiadada.

Lhoudup Palsang (Presidente de PEN Tíbet al Exilio), Lokdun (Vicepresidente) y Nyma Tso (Secreatia General).

Buda Kyab me cuenta que dejó su trabajo en el Ministerio de Educación y trabaja ahora escribiendo libros para niños, ya que no hay autores que se dediquen a la literatura infantil y las escuelas del exilio necesitan esos libros. El académico Lokdun me explica que, a pesar de las dificultades, consiguen conectar con las familias de los escritores tibetanos encarcelados para darles ánimos, diciéndoles que esos escritores reciben cartas de colegas del PEN del mundo entero que les ofrecen cariño y apoyo. Lhoudup Palsang me presenta al monje que ha creado el software para desarrolar webs en lengua tibetana, y aplicaciones para móviles, y que dirige un equipo formado por lexicógrafos y expertos en alta tecnología.

Pantalla con teclado tibetano.

Cubierta del informe, con caracteres tibetanos y chinos.

Tsering Tsomo, investigadora en ciencias sociales, me confiesa: «Estamos muy agradecidos a PEN Internacional por vuestra Declaración Universal de Derechos Lingüísticos. Nos ha dado el lenguaje para describir nuestra situación y afirmar la universalidad de nuestros derechos lingüísticos. Porque todas las comunidades lingüísticas tenemos los mismos derechos. ¡La tibetana también!» Me muestra el informe del Centro Tibetano de Derechos Humanos y Democracia, que ella dirige, un informe titulado La educación bilingüe en Tíbet. La sustitución sistemática de la lengua tibetana por el chino mandarín. Porque de eso se trata: sustituir una lengua por la otra, empezando por deslegitimarla a ojos de sus mismos hablantes como lengua de conocimiento. Es sencillo: se trata de enseñar el tibetano a través de la lengua china, de explicar en chino como funciona el tibetano… a criaturas de lengua materna tibetana. ¿Absurdo? A menos que el objetivo sea sustituir, en la mente de los niños, el valor de su propia lengua por el de la lengua extranjera. Basta mirar esas letras del alfabeto tibetano explicadas mediante ideogramas chinos. Romper el idioma, piensa el agresor, para destruir la cultura i la fe de quienes oponen resistencia.


Porque la resistencia sigue siendo invencible, a pesar de la destrucción de templos y bibliotecas antiguas, a pesar de los paisajes arrasados, a pesar de los encarcelamientos y las torturas diarias. Como por ejemplo este hombre, fundador de una web dedicada a la literatura tibetana, detenido y condenado a quince años en 2009. Visiten esta web: www.tibetcm.com, paséense por la escritura tibetana, esa lengua que desde los tiempos más remotos tradujo los grandes textos del sánscrito, y piensen luego en este hombre, Kunchok Tsephel Gopey Tsang, que desde hace diez años se pudre en la cárcel porque promovió su lengua y su literatura. O participen hoy, día internacional de la lengua materna, en la campaña de PEN American en defensa de Tashi Wangchuk, encarcelado por haber denunciado, en una entrevista con el New York Times, la persecución de los derechos lingüísticos de los tibetanos.

El Dalai Lama nos dijo, a la presidenta del PEN Internacional Jennifer Clement y a mi: «Gracias por vuestro apoyo a los escritores tibetanos en el exilio. Gracias por vuestro apoyo a nuestra literatura en el exilio» Nos habló largo y tendido sobre sus causas y al final nos dijo: «Pongan en práctica una mente en paz para un mundo compasivo.» Intento mirar esa compasión en el espejo de tanta violencia que China impone al pueblo tibetano, intento imaginar esa compasión indestructible como una forma extrema de resistencia.


Se llaman Lokdun, Nyma Tso, Buda Kyab, Lhoudup Palsang, Tsering Tsomo… Todos huyeron de Tíbet cuando eran muy jóvenes. Todos cruzaron el Himalaya, se perdieron, casi murieron de frío y de cansancio, para llegar finalmente a Nepal y ser retornados por la policía de fronteras, corrieron el riesgo de ser detenidos por las autoridades chinas, encarcelados, torturados. Todos arriesgaron su vida cuando eran jovencísimos y siguen arriesgándola en el exilio. Algunos son monjes, otros los fueron en el pasado: tres años, siete años, once… Hay poetas, científicos, ensayistas, novelistas, periodistas, blogueros, cantantes. Nos encontramos en una bella velada de celebración de la poesía, el canto y la danza tibetanas. Son más de setenta. Llevan, entero, el Tíbet a cuestas. Son el Centro PEN Tibetano en el exilio.


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